Enigmas Resueltos

 


Estos son los enigmas que algunos de nuestros visitantes han podido resolver




  • Encontrar un relato de Jorge Luis Borges titulado el "Arbol de los amigos"

    Respuesta: Envíe un mensaje al "The J. L Borges Center for Studies & Documentation", preguntando por el relato de "El Árbol de los amigos", y ellos me contestaron que ese escrito no era del maestro Borges. A continuación de envío el texto del mensaje enviado por ellos:
    Lamento desilusionarlo, pero el texto al que usted hace referencia no tiene ninguna relación con Borges. Se trata de una de las tantas bromas que consisten en atribuirle al poeta textos de distintas procedencias.
    Cordiales saludos Ivan Almeida The J. L Borges Center for Studies & Documentation.
    Enviado por: Daniel Santiago Burgos.


  • Cómo se llama el huracan de 1991?

    Respuesta: consulte en IDEAM y me dijeron que ese año las costas norteamericanas habían sido azotadas por los huracanes Mitch y Andrews.
    Enviado por: Daniel Santiago Burgos.


  • Qué deportes practicaban en la época de la colonia?

    Respuesta: Durante la colonia se practicaban muchos tipos de juegos (hay que recordar que la palabra deporte es solo del siglo XIX.) En sudamerica los niños practicaban "la payaya" (con piedritas que debian realizar pruebas sobre la mano); El trompo, los volantines o cometas (como les dicen en centroamerica), tambien competian con unos anillos grandes de metal que corrian junto a ellos impulsados con un palito.
    Los adultos disfrutaban de las corridas de toros, y pruebas ecuestres (carreras, dominios de riendas, y en Chile el "rodeo" que consiste en perseguir y controlar un novillo por dos "huasos" a caballo). Lo mas seguro es que algunos juegos antes nombrados continuen siendo practicandos en sus paises y que otros se hallan perdido, por una "modernidad" mal entendida.
    Enviado por: Daniel Santiago Burgos.


  • Encontrar la poesia EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

    Respuesta: EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS
    I
    Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por los vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.
    Baja la cabeza sin erguir el cuerpo marchan en dos filas pausados y austeros sin más nota alegre sobre el traje negro, que la beca roja que ciñe su cuello y que por la espalda casi roza el suelo.
    II
    Un seminarista entre todos ello, marcha siempre erguido, con aire resuelto La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto, El sólo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de quella mirada de sus ojo negros.
    III
    Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de inierno. ¡Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste rezando y cosiendo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo. Pero no ve a todos; ve solo a uno de ellos su seminarista de los ojos negros.
    IV
    Cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo en vez de sotana marciales arreos.
    Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla: ¡Te quiero!, ¡te quiero! ¡yo no he de ser cura, yo no puedo serlo: ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
    A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende, y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.
    V
    En una lluviosa mañana de invierno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro
    Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro llevaban en hombros el féretro con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca el bonete negro.
    Con sus voces roncas cantaban los clérigos; los seminaristas iban en silencio, siempre en las dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.
    La niña angustiada miraba el cortejo; los conoce a todos a fuerza de verlos... Tan solo, tán sólo faltaba entre ellos, el seminarista de los ojos negros.
    VI
    Corrieron los años, pasó mucho tiempo Y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugoza y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasa en silencio los seminaristas que van de paseo.
    La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo. Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros.

    Autor : Miguel Ramos Carrión
    Enviado por: Daniel Santiago Burgos A.

 

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