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O D A S L A S R E L G I O N E S
D E L M U N D O . . . . |
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C R I S T I A N I S M O """""""""""""""""""""""""""""""""""
El
cristianismo, de culto libre a religión de Estado. La vida conyugal
era la más corriente, en los primeros siglos, entre los cristianos
laicos o no. La virginidad se apreciaba mucho, no obstante,
por constituir un sacrificio amoroso de la vida a Cristo. Ciertas
vírgenes concertaban con los ascetas un casamiento espiritual
que implicaba demasiada intimidad para que San Cipriano lo juzgara
procedente. Estas vírgenes, o feninæ subintroductæ, solían llevar,
con todo, una vida rigurosa y casta. Algunas viudas o vírgenes,
de probadas virtudes, recibían cierta consagración y eran elevadas
al orden diaconal. Las diaconisas catequizaban a las catecúmenas
y auxiliaban a los sacerdotes y obispos en distintos servicios
litúrgicos y sociales. En la época apostólica, únicamente al
obispo se le exigía que se hubiera casado una sola vez. Estaba
prohibido el matrimonio a quien se hubiera ordenado de diácono,
pero si se había casado con anterioridad a su ordenación, podía
seguir haciendo vida conyugal. Desde los primeros años del siglo
IV se insistió ya en el celibato eclesiástico con carácter preceptivo.
El concilio de Elvira ( Granada, año 309) prescribía a los clérigos
casados la continencia. A lo largo del mismo siglo, sucesivos
concilios insistieron en la continencia absoluta. el celibato,
que empezó siendo un consejo, acabó, antes de finalizar el siglo
IV, en precepto. "La virginidad, escribe san Ambrosio (c. 340-
397), el arzobispo de Milán que tanto influyó en el emperador
Teodosio y en la conversión de san Agustín , no es para ser
mandada, sino aconsejada y deseada, como cosa que sobrepuja
las fuerzas humanas y puede ser objeto de voto, pero no materia
de precepto". "... la virgen consagra enteramente su pensamiento
a Dios, para ser santa en el cuerpo y en el espíritu, al revés
de la casada, que por deberse al marido, tiene su conversación
en el mundo y su amor en el esposo. No digo esto en menoscabo
del matrimonio, sino a gloria de la virginidad, cuyo estado
es más excelente que el de los casados". (Tra. de Vírg. Libro
I cap. 3) " Las mujeres livianas..., sigue diciendo, adornan
la garganta con vistosos collares, cuelgan de las orejas brillantes
pendientes, píntanse las mejillas con vivos y llameantes colores,
visten su talle con ricas telas y se embalsaman con variedad
de perfumes..." "para atraer las miradas de los hombres". "Vosotras,
en cambio, ¡oh santas vírgenes!, enemigas de tales arreos, que
atormentan más que adornan, embellecéis vuestra frente con la
aureola del pudor, y vuestro pecho con la banda de la castidad,
su más preciado ornamento ( Id. Id., cap. 4). La Jerarquía.
Los obispos de sedes vecinas, situados claramente en un plano
superior al resto del clero en el siglo II, empezaron pronto
a reunirse. Ocasión propicia para estas reuniones era la consagración
de un nuevo obispo , cuando una de estas sedes quedaba vacante.
La elección del obispo la hacían con el clero y el pueblo de
la ciudad, y procedían luego a consagrar al elegido. Esta reunión
sinodal implicaba un cambio de impresiones entre los prelados
y era de hecho, un pequeño concilio. Poco a poco se afirmó la
autoridad de las "iglesias madres" sobre aquellas a que habían
dado lugar, y la de las sedes "provinciales" sobre las ubicadas
en la provincia administrativa secular. La administración civil
del mundo romano sirvió de base para la eclesiástica. El obispo
de la importante sede de Alejandría, por ejemplo, con la libertad
de acción adquirida en año 313, ejerció autoridad sobre la provincia
de Egipto, del mismo modo que en orden civil la ejercía el prefecto.
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