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O D A S L A S R E L G I O N E S
D E L M U N D O . . . . |
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C R I S T I A N I S M O """""""""""""""""""""""""""""""""""
Un
problema nuevo se había presentado a la Iglesia: el de sus relaciones
con el Estado católico. Las crisis internas que experimentaría
la Iglesia en el proceso definidor del dogma, facilitarían la
intromisión del emperador o, si se quiere, el intervencionismo
del poder civil. Tal vez la más trascendente de estas crisis,
en aquellos siglos, fue el arrianismo, porque adquirió gran
difusión y sus consecuencias se dejaron sentir en la Iglesia
hasta el siglo VII. Cinco escuelas cristianas, las de Alejandría,
Antioquía, Roma, Edesa y Jerusalén, se habían consolidado a
comienzos del siglo IV, manifestando características que les
daban plena personalidad. La de Alejandría, en Egipto, de tendencia
alegorizante y mística, se hallaba en el extremo opuesto a la
de Antioquía, en Siria, literalista (en la interpretación de
la Biblia) y partidaria de los datos positivos y concretos.
El maestro de esta última Luciano (+ 312), intentó establecer
un texto bíblico más fidedigno, y parece ser que esto le llevó
a un monoteísmo riguroso, que influyó en la doctrina de Arrio
(+ 336), sacerdote de Alejandría, quien propugnaba la creencia
de un Dios único, eterno e incomunicable y negaba la divinidad
del Hijo o Verbo encarnado. La postura de Arrio, buen predicador
y culto, hizo muchos adeptos. De aquí que el patriarca Alejandro
de Alejandría, hacia el 310, escribiera una extensa carta al
patriarca Alejandro de Constantinopla, poniéndole en guardia
sobre tal postura. en esta carta hallamos la mejor definición
coetánea del arrianismo. Se expresa así: "Dicen (los arrianos)
que hubo un tiempo en que el Hijo de Dios no existía y que ha
empezado a existir, siendo así que no existía antes; y que cuando
nació, fue engendrado de la misma manera que lo son todos los
hombres. Pues Dios, dicen, lo ha creado todo de la nada. De
modo que ellos (los arrianos) comprenden al propio Hijo de Dios
en esta creación de todos los seres inteligentes o sin razón.
En consecuencia, declaran, el Hijo de Dios poseía una naturaleza
sujeta a cambios, capacitada para obrar el bien y el mal...
Y con esta hipótesis de que el hijo ha sido creado de la nada,
destruyen las enseñanzas de las Escrituras que proclaman la
inmortalidad del Verbo, la divinidad de la Sabiduría del Verbo,
es decir, de Cristo". Esta doctrina reunió, en el 343, un sínodo
en Alejandría y exiló a su sacerdote Arrio, el obispo de Nicomedia,
Eusebio, discípulo de San Luciano, le acogió . Y así se inició
una viva polémica doctrinal con San Atanasio. Entre los padres
de la Iglesia de esta época, destacan las figuras de San Jerónimo
(342-420) y San Juan Crisóstomo (347 - 407). El primero, gran
erudito latino, conocedor del griego, hebreo y arameo, tradujo
al latín y revisó el texto del Antiguo Testamento. Su traducción,
hecha a petición del papa Dámaso (quien declaró explícitamente
inalterable el canon católico de la Biblia en el Concilio Romano
de 382, pasó a la posteridad conocida por La Vulgata y fue el
texto de la Biblia adoptado por la Iglesia medieval de Occidente
en la liturgia y base de las citas bíblicas de los autores eclesiásticos
de la latinidad. El patriarca de Constantinopla, Juan "Crisostomo",
se distinguió por la elocuencia y fortaleza de sus sermones
y escritos, que le valieron el sobre nombre de Crisóstomo, Boca
de Oro, con que fue conocido ya en su tiempo. La severidad y
austeridad que le caracterizaban le ocasionaron muchos sinsabores
y el destierro en un lugar desértico a orillas del Mar Negro,
donde murió. La exégesis de los textos bíblicos de ambos Testamentos,
cuya lectura recomienda encarecidamente, le lleva a escribir:
"El estudio profundo de la Sagrada Escritura es un tesoro...
Bajo las palabras que contiene, encierra grandes riquezas. Debemos
por tanto recorrerla y escrutarla con atención. Obtendremos
así gran provecho". "La asidua lectura de las divinas Escrituras
nos hace obrar pensando siempre en las divinas promesas. Nos
mueve a que nos entreguemos, con renovadas ansias a la ardua
labor de la virtud". Expansión del cristianismo en los primeros
siglos medievales. En los siglos IV y V, el imperio romano perdió
buena parte de su extensión en Occidente y se transformó en
oriental bizantino. Se suele señalar como sintomática la fecha
del año 476, pero de hecho la invasión y cuarteamiento del imperio
había empezado mucho antes (406). Un grupo de pueblos, originarios
de Escandinavia, los germanos, desde Europa central se había
lanzado a la conquista de los despojos de Roma. De estos pueblos,
los visigodos fueron cristianizados por el obispo Ulfilas, pero
el arrianismo arraigó en ellos hasta que pasaron a la ortodoxia
en el 589. Burgundios y vándalos eran también arrianos. Los
suevos, el 408, eran en parte todavía paganos y estuvieron vacilando
entre el arrianismo y la ortodoxia hasta que hacia el 560, optaron
por la última. Los ostrogodos, cuando en 489 se apoderaron de
Italia, practicaban ya el arrianismo, pero su rey Teodorico
se esforzó para evitar roces con los católicos. Los francos,
en cambio, paganos, pasaron directamente a la ortodoxia, el
496, con el bautismo de su rey Clodoveo. ( " Adore tout ce que
tu as brûlé, et brûle tout ce que tu as adoré"...."Adora todo
aquello que has quemado y quema todo aquello que has adorado..."
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