Articulos sobre la aducación de los hijos

Aquí encontrarás información y articulos relacionados con la sicología infantil, estos articulos son actualizados continuamente. Si escuchaste de un articulo interesante escribenos a web@memo.com.co y te comentaremos como puedes volver a leerlo.

 

 

 


El control de esfínteres es decisión del niño, no de sus padres. No se debe presionar al niño a que controle su vejiga o su tracto intestinal, antes de que él se sienta totalmente preparado para hacerlo.

A los padres les resulta muy difícil ser objetivos en cuanto al entrenamiento para el control de esfínteres. Debido a nuestra cultura y a las experiencias individuales de la mayoría de los adultos, ésta les exige que se sientan responsables por el éxito del niño. Cualquier fracaso es sentido como un reflejo de una crianza deficiente, convirtiendo al niño en algo que hay que entrenar, presionándolo a aprender en contra de sus propios deseos.

No hay que basarse en experiencias propias, ni en consejos de terceros para evaluar la situación del niño en relación con sus esfínteres; cada niño tiene su ritmo y su velocidad de aprendizaje, y valorar esta independencia es clave para no ejercer presión y causar serios problemas.

Debido al estrés causado por la presión, el niño puede retener las deposiciones, causándose estreñimiento crónico que puede desembocar en el ensanchamento del colon (megacolon), y sin darse cuenta pero regularmente, el niño dejará salir al pantalón algo de materia fecal líquida alrededor de una deposición dura que ha retenido. Esto puede dar la sensación de diarrea, cuando el problema es el estreñimiento. Algo que ayudará a ablandar la deposición para que no haya dolor es disminuir la presión, antes de volver a comenzar el entrenamiento.

Algunos niños dejan escapar la orina, especialmente cuando están bajo estrés.El quejarse de esto al pediatra hace que éste sienta la necesidad de hacer pruebas para establecer si el esfínter urinario o de la vejiga están intactos; hay vienen las radiografías, los catéteres y la invasión de los genitales, haciendo que el niño se asuste y produciendo una vulnerabilidad mayor a la incontinencia crónica, debido a que el infante crea una fijación en este aspecto.

El medio ambiente también ejerce presión, y no necesariamente por lo referente al control de esfínteres. Este estrés se puede reflejar en dolores abdominales, cólicos y deposiciones sueltas. si por ello, al niño se le dificulta controlarse, la tensión aumentará y control de esfínteres se convierte en un asunto que agrava el estrés del niño, y lo vuelve más consciente de esa parte de su cuerpo.

Para diagnosticar, hay que emplear radiografías gastrointestinales, enemas y manipulaciones. El resultado es que el tracto gastrointestinal inferior del niño acabe recibiendo toda la tensión.

Cuando hayan problemas se recomienda:

  • Hablar abiertamente del problema. Los padres deben reconocer que han sido demasiado dominantes.
  • Expresar con claridad que el aprendizaje del control de esfínteres es cosa del niño.
    Hacerle saber al infante que muchos niños se demoran en adquirir control sobre sus esfínteres
  • Hacerle ver al niño que sí hay esperanza en su lucha para el control de esfínteres.
    Mantener al niño en pañales o en ropa protegida, no como castigo, sino para eliminar la ansiedad
  • No hacerle pruebas al niño. Háganle un análisis de orina, pero sin manipulaciones ni invasiones (enemas, catéteres, radiografías, etc.). se deben permitir estas pruebas solamente si el pediatra ve claros indicios de que hay un problema físico.
  • Dejar al niño tranquilo y no mencionar de nuevo lo suscedido.
  • Hacer que las deposiciones del niño sean siempre blandas, para esto se le puede dar fruta y fibra. Tranquilizar al pequeño en el sentido de que sus deposiciones siempre serán así.
    Aclararle al niño que cuando logre el control, el éxito será suyo no de los padres.

Los padres que sientan que están interviniendo demasiado deben solicitar consejo. Necesitan ponerse de acuerdo sobre la manera de manejar el control de esfínteres para que un conflicto entre ellos no afecte al niño, a tal punto que amenace su imagen de sí mismo.

MOJARSE EN LA CAMA

Debido a las presiones de la sociedad, mojarse en la cama (enuresis) se vuelve un problema para muchos niños, especialmente varones, a la edad de 4 a 6 años. Si la enuresis continúa, el niño no puede quedarse dode sus amiguitos, no se atreve a reconocer ante nadie que moja la cama , y los padres se desesperan con este fracaso ya que comienzan a comparar con otros niños, que a la edad del suyo, ya han superado este problema.

Mojarse en la cama hará sentir al niño impotente y desesperanzado; dirá que no le importa y hará cualquier cosa para esconder su fracaso por las mañanas, pero la verdad es que se sentirá culpable en torno a su sexualidad en desarrollo, y afectará su imagen de sí mismo. Lo que está en juego con este problema es la necesidad del niño de volverse independiente a su propio ritmo.

Aunque las razones pueden ser fisiológicas, como una vejiga inmadura que se vacía con frecuencia, un sueño demasiado profundo (resultado de un sistema de señales inmaduro) o inclusive una infección, el problema radica en quién controlará la decisión.

A medida que los médicos y los padres empiezan a investigar las causas y a tomar medidas (como alarmas, castigos o aparatos que emiten señal cuando el niño se moja) el niño va perdiendo su autonomía y su necesidad de controlar la situación, viéndose a sí mismo como un fracasado.

Los intentos de los padres por controlar la situación como si fueran ellos los del problema, con seguridad se verán destinados a fracasar y ahondarán en el niño su sensación de incompetencia. Los niños necesitan desarrollarse a su propio ritmo el cual hay que respetar. La presión de padres y compañeros puede agravar el problema pero no cambiarán los patrones de desarrollo del infante.

El control diurno parece resultarles más fácil a las niñas (en promedio lo logran 2.46 meses antes que los niños), a la vez que tienen menos probabilidad de mojarse de noche. Algo de ésto puede deberse a diferencias anatómicas, pero con certeza se debe a diferencias en la expectativa social y a sutiles patrones de comportamiento ligados al género, y a las expectativas que los hombresitos tienen de sí mismos.

Por encima de todo, no orinarse de noche debe convertirse en la meta del niño y no en la de los padres o la sociedad. Los padres deben relajarse y eliminar la presión sobre el niño. Si hay problemas de una imágen pobre de sí mismo, de inmadurez psicológica o de autodesvalorización, se deben afrontar. Si el niño se halla sujeto a demasiadas presiones, ya sea en la escuela o con la propia familia, éstas deben ser disminuidas. El padre debe acercarse más a su hijo y darle la confianza para que el niño se identifique con él, a la vez que pueda entender la imágen que tiene el niño de sí mismo.


He aquí otro tipo de ayudas que pueden funcionar, siempre y cuando el niño esté dispuesto a aceptarlas:

  1. Proponerle al niño que aguante la orina un poco más durante el día, para tratar de mejorar el control sobre la vejiga.
  2. Despertar al niño con su permiso, antes de que los padres se retiren a dormir. En este punto él debe asumir el control e ir por sí mismo al baño.
  3. Comprarle al niño una bacinilla para que la tenga al lado de la cama. Esto puede ser un símbolo de confianza para él. El estimularle a usarla no debe ser bajo presión.
  4. Poner un despertador a las 2 de la mañana al lado de la cama del niño, para que se despierte y vaya al baño.
  5. Hablar con el niño cuando él quiera y explicarle con palabras suaves que tal vez a su vejiga le falta madurar un poco, pero no hay por qué preocuparse.
  6. Desmitificar la idea de que hay una fecha mágica en la que los niños se dejan de orinar en la cama. La presión social unida a las expectativas de los padres, es más de lo que el niño puede manejar.
  7. Si el problema persiste después de los siete u ocho años, o si el problema interfiere en la adaptación del niño, en su imágen de sí mismo o su relación con sus compañeros, es hora de buscar la ayuda de un psiquiatra o psicólogo infantil o un pediatra especializado.


 

 

 

 

 

 

 

 


Son inquietos y olvidadizos y pedirles que hagan algo es como hablar Con la pared. Muchos padres se preocupan por este permanente 'estar en la luna', que, sin embargo, es muy común entre los pequeños de 3 a 6 años.

Los principales enemigos del aprendizaje son la rutina y la apatía. Por eso, para evitar que nuestros pequeños se sientan desmotivados y se despisten, debemos plantearles nuevas metas periódicamente, adaptadas a sus cada vez más avanzadas capacidades. Por otro lado, llamarles la atención sobre las cosas que nos rodean es otra forma de motivar su capacidad de observación, de sentar las bases para su aprendizaje y su desarrollo intelectual y, en consecuencia, de estimular su rendimiento escolar.

Pero además de cultivar el asombro y la curiosidad ante lo que nos rodea, hay otras formas de ayudar al niño para que poco a poco vaya centrándose en su entorno y comprenda la importancia de prestarles atención a esas cosas que requieren su concentración: no perder los juguetes en el parque, coger el saco del banco cuando llega la hora de volver a casa... Teniendo en cuenta el despiste de tu hijo, a la hora de pedirle un favor o de ordenarle algo, recuerda que debes proponerle las cosas de una en una. Si le das una larga lista de instrucciones (recoge los juguetes, lávate las manos, tómate el yogur y tira el envase a la basura), ten la seguridad de que se le olvidará y en lugar de obedecerte, seguirá enfrascado en lo que tiene entre manos. También es buena idea que cada vez que le mandes a hacer algo le pidas que te lo repita en voz alta. Así tendrás la seguridad de que se enteró de tu mensaje y le será más difícil olvidarlo.

Si tu hijo es de esos niños que parece que no escuchan mientras los regañan, reflexiona un poco sobre tu modo de llamarle la atención. Quizá lo reprendas con cantaletas largas y sin demasiado sentido o, peor aún, le llames la atención a voces desde otra habitación. A partir de ahora, cada vez que quieras decirle algo en serio, míralo fijamente a los ojos, mientras mantienes un contacto físico con él, ya sea tocándole un hombro o cogiéndolo de una mano. Así lograrás que te preste atención.

Otra posibilidad para conseguir que sea cada vez menos despistado es que lo responsabilices de una tarea casera que tenga que realizar todos los días, como darle de comer a su mascota o llevar el pan o los cubiertos a la mesa antes de que se sienten a comer. De esta forma se acostumbrará a retener en su cabeza el cometido del que está encargado y, a la vez, fomentarás su sentido de la responsabilidad.

Además, siempre es bueno recurrir a los innumerables juegos pensados para que los niños de su edad desarrollen la memoria y la concentración: los rompecabezas, las actividades de emparejar cartas u objetos semejantes, los juegos de ordenar por tamaños, letras y colores... Todos ellos les ayudan a potenciar la observación y el pensamiento abstracto. Funciones parecidas tienen los cuentos, los poemas, las canciones y los trabalenguas, ya que, para poder entender su argumento, el niño tiene que permanecer atento desde el principio hasta el final, lo que potencia su concentración.

Por último, ten en cuenta que hasta que tu hijo se centre un poquito más, tu creatividad va a ser la mejor herramienta para combatir sus continuos olvidos: recuérdale que enumere sus juguetes antes de llevárselos al parque, invéntate canciones con tu dirección y teléfono y, por la noche, antes de que se duerma, quédate un rato con él en su cuarto y pregúntale qué hizo durante el día o que te cuente lo que entendió del cuento que le lees todas las noches. Estos sencillos juegos lo obligarán a concentrarse para recordar sus vivencias y tus lecturas; algo que a su vez estimulará su capacidad de memorización y concentración.

 

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