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Artículo escrito por Esperanza Cuartero, tomado de la revista Mascotas Felices (Año 1, No. 9, pág. 43)

Curva va y curva viene... El perro, mareado, ha vomitado sobre el asiento de atrás y todo está hecho un asco. El auto es su peor enemigo, y la familia, al unísono, se asusta con la sola idea de viajar con él. ¿Qué hacer?

 

Afortunadamente, una vez que el animal se ha acostumbrado a permanecer en el interior de un vehículo en movimiento, todo va sobre ruedas. Atrás quedan los miedos iniciales, y el desplazamiento ya no es un problema. Sin embargo, existen ciertos ejemplares que desarrollan auténticas fobias a los coches, trenes y, en general a todo lo que se mueve. Normalmente, estos miedos se deben a malas experiencias; y la peor de todas es el mareo que les produce permanecer dentro de un vehículo en movimiento.

Los perros menores de un año son bastante sensibles, y basta un ligero vaivén para que comiencen a marease, babear, sentir náuseas... Al principio, estos síntomas son casi imperceptibles, y el amo no repara en ello. Sin embargo, según pasa el tiempo y aumenta la velocidad del auto, los males se acentúan; incluso permanecen una vez finalizado el viaje. Generalmente, se cree que no darles agua ni comida antes ni durante el trayecto evita los mareos. Sin embargo, no es así; el animal lo pasará igualmente mal, aunque no ensuciará tanto el vehículo en caso de vómito.

Lo ideal en estos casos es acudir al veterinario en busca de una solución, pues existen ciertos comprimidos (Dramamina, por ejemplo) que palian los efectos. Los tranquilizantes no son una buena idea, ya que la mayoría interfieren en la regulación del calor de los perros, y si están sedados dentro de un coche caliente, pueden sufrir problemas más graves, como insolación.
De todos modos, si el veterinario lo aconseja, quizás resulten útiles cuando el animal sea muy asustadizo y nervioso, aunque habrá que vigilarlo muy estrechamente durante el trayecto. Tampoco hay que olvidar que las medicinas sólo serán efectivas si se administran un par de horas antes del viaje; en caso contrario, no surtirán efecto en el animal.

Objetivo: Perder el miedo.

Es importante que el animal pierda cuanto antes el miedo a subir al coche, y cuando resulte imposible que dé un paso más allá de la puerta, el amo no tendrá más remedio que sacarse algunos trucos de la manga: apagar el auto, depositar algo de comida en su interior y permitir que se meta dentro. Sin duda, olisqueará cada rincón y, en el caso de repetirse la operación varias veces, el animal al fin se dará cuenta de que no haynada que temer.
Cuando el perro parezca estar tranquilo, intentar trayectos cortos que progresivamente se hagan más largos. Llevarlo en cortos viajes, por ejemplo al supermercado, y dejarlo en el coche con alguna compañía. También conviene alternar los paseos cortos en coche con las caminatas, de manera que asocie el auto con cosas agradables, y no sólo con las visitas al veterinario. Al cabo de un tiempo se sentirá perfectamente cómodo y gozará con sus salidas.

Vallas y rejas de protección

El lugar ideal para un perro que viaja en auto es la parte de atrás, protegido con una reja o valla esencial (de venta en grandes almacenes y tiendas de animales). Esta práctica permitirá que reconozca esa zona como su espacio y, además, evitará que los cachorros vociferantes se conviertan en una molestia.
Existen vallas y rejas de diferentes tipos y tamaños, desde las más ligeras (de quita y pon) hasta las ajustables (para razas pequeñas y perros grandes con buenas maneras), pasando por las modernas que se pueden fijar al armazón del coche.

 
Consejos para viajar sin riesgos:
  • No ponerse en marcha antes de que el perro haya hecho sus necesidades.
  • Parar cada dos ó tres horas para que el animal se estire un poco.
  • Por precaución, no permitir que el animal viaje con la cabeza fuera de la ventanilla.
  • Asegurarse de que el perro lleve su calendario de vacunación y placa de identificación -si la tiene-.
  • Si el trayecto es largo, lo tranquilizará comer algo cada 4 ó 5 horas.