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Pero
no todo es tan simple como parece, pues no sólo
de aullidos se alimenta su lenguaje. El olfato constituye,
también, una forma de comunicación.
Y a un can le bastará un simple olor a orina
para identificar el sexo, la edad, el estado de salud
e, incluso, el tipo de alimento que acaba de ingerir
el que la ha depositado. ¡Sorprendente!
Esto
es posible porque la orina lleva disueltas ciertas
hormonas que varían con base en los datos anteriormente
citados, y algunos más, puesto que el investigador
también sabrá el estado de ánimo
de su colega y si ha mantenido o no relaciones sexuales.
Por ello, nadie puede extrañar que los canes
metan la nariz en farolas, esquinas, árboles,
llantas, autos... Todos estos rincones constituyen
para ellos valiosas fuentes de información;
algo así como el periódico canino de
la colonia.Después
de informarse, suelen aportar su granito de arena
con la última noticia, cubriendo las huellas
anteriores con la suya propia.
A
todos los amos les encantaría entenderse con
su mascota, pero, en ocasiones, el intento de diálogo
se convierte en un monólogo de sordos, pues
el dueño se siente incapaz de comprender qué
significan esos ladridos, posturas o golpes de cola.
Por
lo general, se tiende a creer que si menea la cola
está contento; si gruñe, enojado; si
nos da con la pata, quiere salir a la calle... Y en
ocasiones es posible que así sea, pero el lenguaje
del perro es mucho más amplio, y no basta con
un par de interpretaciones más o menos acertadas
para lograr una total comunicación. De hecho,
en muchas ocasiones se producen situaciones un tanto
embarazosas: no es difícil, por ejemplo, ver
a un perro desesperado porque necesita evacuar, mientras
que su amo le llena la vasija de agua creyendo que
tiene sed.
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