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Pesado, macizo,
de paso lento e imponente, el Bloodhound, también
conocido como San Huberto, tiene toda la apariencia
de un abuelo bonachón. Poco importa que la piel de
la frente y de las mejillas forme numerosos pliegues,
que los labios sean grandes y colgantes o que no se
sepa dónde empieza el cuello y termina la papada:
el Bloodhound siempre ha inspirado tanta ternura como
majestuosidad. Probablemente sea por esos ojos, mezcla
de inteligencia, bondad y serenidad. Y si de verdad
los ojos son el reflejo del alma, este perro es, sin
duda, el emblema de la bondad. De origen realmente
antiguo -ya se hablaba de él en escritos que datan
del 550 a. de C.-, es el mejor rastreador de todos
los tiempos y tiene la mejor nariz de toda la especie
canina, sin excepción. Pero a pesar de que todo indica
que fue creado para la caza nocturna del mapache,
es incapaz de dañar a una mosca; persigue a su presa
y, una vez capturada, suele jugar con ella o darle
lametazos de bienvenida, una actitud que, sin duda,
desconcertará a sus rehenes. Está considerado como
un excelente animal de compañía. No ladra casi nunca,
es tranquilo, fiel, de costumbres limpias y excepcionalmente
dócil. Algo así como el perro que a todos nos gustaría
tener.
Tomado
de: Revista Mascotas Felices.
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