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Leyendas
aparte, no hay ninguna duda: los perros hablan. A
su modo, de acuerdo, pero han desarrollado determinados
códigos que les permiten relacionarse con sus
semejantes y enviar mensajes a sus amos. Entenderlos
exige cierta atención y, por supuesto, paciencia.
El lenguaje que utilizan entre colegas resulta de
lo más peculiar: los ejemplares salvajes, por
ejemplo, se comunican entre sí aullando o ladrando
a los miembros de su manada. Los científicos
aseguran que ésta es una forma de diálogo,
como si dijesen: "aquí estoy".
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